jueves, 11 de abril de 2013

Día.

Desde el comienzo, desde el final.
Empiezo como más me plazca y así decido terminar.
Me encontrás donde menos lo esperas porque así lo quise, porque las predicciones me terminaron resultando insulsas después de tanto leer horóscopos.
Y así, después de tantos intentos fallidos por tratar de comprender el orden de las cosas, es que deje que el mundo fluya como debe hacerlo, para el lado que le parezca. No hay un norte, sur, este u oeste. Hay un camino. O varios. Pero el mundo, mi mundo elije solo un rumbo.
No hay un segundo en que no crea en que es suficientemente lógico esto que pienso, hasta que me doy cuenta que mi cabeza no respalda esto.
De donde sale, vaya a saber uno...
De donde viene y a donde va, no tengo idea.
Pero si de algo estoy segura es que me subí a ese tren. Y decido irme lejos si es necesario, para poder disfrutar ese viaje. El de la sorpresa, el de no saber si hay un mañana, cerrando los ojos con el deseo de volverlos a abrir, dejando que el sol se haga cargo de mostrarme lo que necesito y debo ver.
Pero en definitiva, empecé como quería y así espero terminar.


lunes, 11 de febrero de 2013

Resultó que existía un comienzo.

Había una vez una loca.
Y así comienza la historia, la que algún día tendría que contar para poder explicar varios porqués, maldita manía que tengo de explicar y dar razones a todo lo que hago y dejo de hacer.

Se  levantó medio cruzada hace 6 años, cuando sus dulce quinces se asomaban por la ventana, cerrada para evitar  que los rayos de luz la despertaran, todavía la tonta no sabía que era un de las mejores formas de comenzar el día. 
Medianamente dentro de una vida estructurada y rutinaria, en la  que ella sentía que todo marchaba bien, se levanta de la cama, con la sonrisa un poco chueca y ganas de hacer pis. 
Pasaron algunas horas y cuando llega la  hora de ir a hacer lo suyo, sale. 
Se va a bailar como todos los miércoles,  la espera un flamante piso que ella desearía que fuera de madera. 
Play en el estereo, vuela por tres horas y vuelve a casa. Así se repite al día siguiente y al otro.
La dulce espera de una semana para volver a sentirse ella. 
Pasan tres años. Y al irse creyó que esa magia la seguiría adonde fuera. Pero parece que estaba muy confuso el camino. Tardo 2 años en volverla a encontrar. 
Nunca es tarde. La loca volvió a volar. 
Y comprendió aquello que siempre repitió insulsamente, encontró su significado. 

Bailando la vida, porque así es como debe ser, sin detenerse aunque la música lo haga, la verdadera melodía no se escucha, se siente. 



domingo, 9 de diciembre de 2012

Domingo.


Ando simple y coherente, sin nudos en la garganta, con la mirada estática.
Apagada y con ganas de dormir. 

Ando corta de letras y con las palabras directas.
Ando de Domingo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Para los cobardes.

Alguien una vez me dijo que ser valientes era un juego para pocos.
Ponerse la armadura y chocarse con el mundo, o tomar una actitud frontal, no es para cualquiera. ¿No es para cualquiera?
Si tanto cuestionamos a los libros, a los historiadores... porque no creer que el guerrero era alguien sin preparación, que simplemente de un segundo a otro decidió cambiar el rumbo de su vida?
No se nace con la aptitud de ser valiente o no, se busca, se persigue y se obtiene.
Y después de tanto pensar, nos damos cuenta que estamos frente al enemigo número uno, el pensamiento.
El valiente no piensa, se arriesga, por un instinto deja que todo lo demás pase a otro plano y se las juega. Clarísimo es el error de los que nos quedamos sentados como boludos, mirando como el de al lado choca las copas sin miedo a romperlas, y nosotros sacando los cálculos de que podría o no pasar, cuantas podríamos romper y a quién podríamos o no lastimar. A fin de cuentas, no lo hacemos, ocupamos el tiempo analizando en vez de probar.
Que fácil sería si por un instante no tuviéramos forma de conocer las opciones, o creernos capaces de reconocerlas. Que insistencia con el mañana, con el "que será", "qué pasará".
Para asustarnos somos muchos, tener ganas la mayoría, y para valientes estamos todos. Solo hace falta dejar de buscar la armadura y saber que no hay mejor arma que el aquí y el ahora.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sin perder el tiempo.

Estamos sentados en una vereda, en la misma de siempre. Vemos el reloj y son las 19:00. No nos dimos cuenta y pasamos un minuto simplemente viendo ese elemento que "materializa" nuestro tiempo, 19:01.
Miramos hacia arriba para ver donde está el sol. Y creemos que algún día vamos a poder saber la hora al contemplar el cielo, confiamos en que vamos a poder y por eso nos concentramos en analizar exactamente y con todo el detalle. Nos encandilamos.
Seguimos sentados sin hacer mas que observar diferentes cosas. Y algunos opinan diciendo que es poco, otros que nos es nada, y nosotros que estamos exhaustos. Pero nos gusta. ¿Nos gusta?
Y en ese momento hacemos una lista de planteos tan necesarios como raros para saber si estamos haciéndolo bien, se algo se nos está pasando por alto, estamos cómodos o somos felices. Necesitamos asegurarnos de que aunque no sepamos si es lo correcto, estamos viendo para el mejor lado, entendiendo todo como se debe.
Y nunca vamos a aceptar que eso es relativo. Que no va a haber un esta bien o esta mal hasta que nosotros no elijamos los parámetros.
Seguimos sentados y vemos como esa locura del tiempo se nos va de a poco. Y aparece otra pregunta: ¿Se nos va?
Ya nos paramos en la esquina de lo filosófico y sentimos que hacernos estas preguntas es de locos. Pero como dijimos alguna vez, estar loco esta bueno, así que en parte no preocupa, por ende, seguimos en al nuestra buscando al sol. Pero lo tapa el edificio de frente y nos desorientamos, de tal forma que comenzamos a mirar para el otro lado y nos mareamos.
Ya no sabemos con que comenzamos, con que seguimos y nos olvidamos como nos gustaría terminar.  
Nos paramos. 19:02.
Vemos que el tiempo puede estar vacío o  puede estar completamente lleno, pero nunca se nos va, somos conscientes de que puede pasar lento o rápido, o simplemente pasar.


domingo, 28 de octubre de 2012

Redondearse

Y cuando es tiempo de dar vuelta las cosas, es momento y punto.
Esa maldita costumbre de hacer de todo un mundo y ahogarse en un vaso de agua, creyendo que para comprender las cosas con otras perspectivas es necesario toda una vida. Tremenda ilusión, lo único que se debe hacer es cruzar la calle, pararse en la vereda de enfrente y observar con los cinco sentidos, y si se tienen seis, mejor.
Es tan fácil creer que uno no puede, que es imposible, que la mayor parte del tiempo uno tiende a hacerlo... Sin recordar aquello por lo que nacimos, romper barreras. ¿Soy la única loca que cree que si las cosas no fueran difíciles no serían divertidas?
No podemos pretender que todo sea cuadrado, o tenga los límites tan tajantes, no siempre tiene que ser de un modo u otro. Es cuestión de cantar un rato a los gritos, pararse descalzo en el pasto mojado y mirar las nubes tratando de encontrar un dinosaurio, para olvidarse de las técnicas aburridas. No todo es ciencia, no todo es matemática... podrá serlo para quien lo estudie, pero no para quien lo viva.
Es necesario ablandarse y dejar que la brisa, una vez en la vida, nos lleve. Redondearse para dejar de ser tan cuadrados y decir alguna que otra incongruencia para mostrar que todavía no somos serios.



lunes, 1 de octubre de 2012

Robar la pluma de algún poeta.

La noche se puso clara cuando el día se oscureció.
Sentimos las miradas expectantes en la nuca, esperando por aquel momento de debilidad que marcaría nuestros orgullos para toda la vida.
Y al caer las estrellas al horizonte, sin dejarme ver su recorrido, el reloj marcó el inicio de la historia que algún día iban a desear recordar.
Suena sin sentido, suena incongruente, como un corazón que habla sin dejar que la mente se interponga en su camino. Dejando que la razón que prisionera se sentía, corra libre por la vida, sienta, ríe y baile.
Ilusa la mañana de aquel palpitar dormido al escuchar un ruido que lo hizo suspirar, detenerse por un instante y olvidar aquel ritmo agotador y rutinario, que no dejaba que siga sus instintos.
Suena meloso, intenso e insulso, como los sueños a los que hoy decidí volverme a aferrar. Con los ojos abiertos, con las manos cerradas para que no se escapen, con el alma puesta y la mochila lista.
Suena cursi, normal y recurrente, escribir con palabras tan conocidas, robando la pluma de algún poeta que algún atardecer olvido en el parque.
Pero como alimentan las sonrisas, esas frases coloridas que con algún pequeño abrazo, y en algunos tantos días llenaron los cajones de recuerdos, de ganas y esperanzas.
Me divierte hasta las chapas escribir estas cosas de vez cuando, dejar que los dedos se amen con el teclado y decidan expresar lo que más anhelan.
Que sinceridad la de los párrafos que acompañan al texto, compañeros, amigos, confidentes. Ocultando los errores ajenos.
Que dulce la cursilería, cuando quién la escribe solo espera vivirla.