domingo, 28 de octubre de 2012

Redondearse

Y cuando es tiempo de dar vuelta las cosas, es momento y punto.
Esa maldita costumbre de hacer de todo un mundo y ahogarse en un vaso de agua, creyendo que para comprender las cosas con otras perspectivas es necesario toda una vida. Tremenda ilusión, lo único que se debe hacer es cruzar la calle, pararse en la vereda de enfrente y observar con los cinco sentidos, y si se tienen seis, mejor.
Es tan fácil creer que uno no puede, que es imposible, que la mayor parte del tiempo uno tiende a hacerlo... Sin recordar aquello por lo que nacimos, romper barreras. ¿Soy la única loca que cree que si las cosas no fueran difíciles no serían divertidas?
No podemos pretender que todo sea cuadrado, o tenga los límites tan tajantes, no siempre tiene que ser de un modo u otro. Es cuestión de cantar un rato a los gritos, pararse descalzo en el pasto mojado y mirar las nubes tratando de encontrar un dinosaurio, para olvidarse de las técnicas aburridas. No todo es ciencia, no todo es matemática... podrá serlo para quien lo estudie, pero no para quien lo viva.
Es necesario ablandarse y dejar que la brisa, una vez en la vida, nos lleve. Redondearse para dejar de ser tan cuadrados y decir alguna que otra incongruencia para mostrar que todavía no somos serios.



lunes, 1 de octubre de 2012

Robar la pluma de algún poeta.

La noche se puso clara cuando el día se oscureció.
Sentimos las miradas expectantes en la nuca, esperando por aquel momento de debilidad que marcaría nuestros orgullos para toda la vida.
Y al caer las estrellas al horizonte, sin dejarme ver su recorrido, el reloj marcó el inicio de la historia que algún día iban a desear recordar.
Suena sin sentido, suena incongruente, como un corazón que habla sin dejar que la mente se interponga en su camino. Dejando que la razón que prisionera se sentía, corra libre por la vida, sienta, ríe y baile.
Ilusa la mañana de aquel palpitar dormido al escuchar un ruido que lo hizo suspirar, detenerse por un instante y olvidar aquel ritmo agotador y rutinario, que no dejaba que siga sus instintos.
Suena meloso, intenso e insulso, como los sueños a los que hoy decidí volverme a aferrar. Con los ojos abiertos, con las manos cerradas para que no se escapen, con el alma puesta y la mochila lista.
Suena cursi, normal y recurrente, escribir con palabras tan conocidas, robando la pluma de algún poeta que algún atardecer olvido en el parque.
Pero como alimentan las sonrisas, esas frases coloridas que con algún pequeño abrazo, y en algunos tantos días llenaron los cajones de recuerdos, de ganas y esperanzas.
Me divierte hasta las chapas escribir estas cosas de vez cuando, dejar que los dedos se amen con el teclado y decidan expresar lo que más anhelan.
Que sinceridad la de los párrafos que acompañan al texto, compañeros, amigos, confidentes. Ocultando los errores ajenos.
Que dulce la cursilería, cuando quién la escribe solo espera vivirla.



domingo, 30 de septiembre de 2012

Dejar de buscar.

Y de repente me doy cuenta que todo el mundo alguna vez escribió sobre lo que busca, lo que no pretendían buscar y lo que encontraron.
Ese afán por buscar y querer obtener lo que uno cree que es mejor para si mismo, siempre me costó entenderlo.
Esa necesidad de querer acaparar el destino con lo que se piensa que es lo correcto, me cansó.
Buscar no es sinónimo de luchar, aunque se le parezca, uno busca porque no cree en si mismo, no confía en que lo bueno llega cuando debe llegar o en que algún día le llegará.
No digo que buscar sea sencillo, sino que me remite a una tarea forzosa, a empujar donde tal vez no es el momento, donde no tendría que ser. No porque el destino lo marque o no, sino porque uno deja pasar muchas cosas, las obvia y no las percibe. Cuando uno se enfoca "mal" en algo, se bloquea y no se da cuenta de todo lo que sucede al rededor, se olvida de que el día a día tiene 360°.
"Apagar los sentidos" es buscar. Porque lo hago por una idea, por un concepto que no me lleva más allá de lo que signifique. Lo interesante es poder tocar, sentir, oír, creer, utilizar todas nuestras herramientas para avanzar de a poco.
Si uno busca, difícil es sorprenderse, porque sabés lo que vas a encontrar, mejor dicho, lo que crees que vas a encontrar.
Ese afán por conseguir el camino fácil: Se lo que quiero y voy por eso... corrección, creo saber lo que quiero y me aferro a eso.  Cambia, cambia el hecho de creer que buscar es la tarea fácil. Y prefiero pensarlo así.
Cuantas veces, ciegos ante lo que creemos que es lo ideal dejamos pasar miles de cosas, detalles, oportunidades. Me resulta injusto creer que fue por determinación, enfoque o perseverancia. Fue por obsesión, terquedad o bloqueo, fuerte o leve, pero eso fue. Y ahí es cuando esa "búsqueda" se convierte en barrera, en un paso atrás y me lleva adonde estaba antes.
Y al no encontrar lo que uno pretendía,  la decepción nos envuelve, la inseguridad y la desconfianza hacia nuestras capacidades y ganas.
Lo leo y lo releo, y es como pegarse varias veces con la misma pared.
Buscar no es sinónimo de luchar. Luchar es defender y caminar, saltando y sobreviviendo a todas las barreras, demostrando que si hoy estuve acá, aunque este bien, mañana puedo estar en otro lugar y mejor.
Luchar es confiar en uno mismo.



Un pequeño aliento.

Una de las tantas veces que caí, decidí quedarme por un instante abajo, y ver todo lo que me superaba.
Ver las personas, las razones y las emociones que habían sido cómplices de mi tropiezo, vi muchas manos tratando de ayudar y sonrisas que con el esfuerzo de siempre me transmitieron paz.
Decidí quedarme un segundo más para poder comprender cual era la necesidad de salir corriendo de allí, para tratar de entender porque todos lo hacían con la cabeza gacha y la mirada apagada. 
Me sorprendió como al ver las cosas desde aquella perspectiva no sentí vergüenza del error, no me molesté en tapar las cicatrices ni las marcas. 
Recordé todo lo que reiteradas veces escuché, dije y leí. "Es hora de tomar el envión y saltar para poder pararme de nuevo" me dije a mi misma, pero no lo hice, me quede abajo por un instante más. Toque el suelo  con las manos, nunca había llegado a apreciar con todos mis sentidos aquello que tantas veces me sostuvo. 
Y ví ojos de muchos y escuche las voces de varios, y en vez de agarrar sus manos, me impulse de lo que estaba más abajo, de aquello que me había hecho caer. Tomé mis miedos, los corrí del camino. Busqué mi mejor sonrisa y por cuenta propia mi cuerpo junto fuerzas. En menos de lo que pensé, estaba arriba, junto a todas las voces y las manos que había sentido como gigantes. 
Me repetí "como cambia todo al verlo desde otra perspectiva". 
Tan fuerte es el poder de una opinión, de otra decisión, de otro punto de vista que pude ver la otra cara de mi propio error. 
Si lo importante del caer, es que uno se puede levantar, hay que llevarlo con orgullo, con gracia y fuerza. Que quede claro que sin importar la razón, después de cualquier tropiezo, solo te vas a levantar. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Sol.

Cargada de tantas cosas que no se que debo arrojar al tintero primero... no se como comenzar, se que no tengo una palabra preferida para hacerlo, ni una frase... y aunque suspire, quien lo lea no lo escucha, aunque una lágrima decida tomar el lugar de la apertura, tampoco podrá ser vista, ni sentida.
Que difícil cuando es momento de admitir que hay cosas "grosas" pasando a tu alrededor, pero al mismo tiempo es tan lindo sentirse involucrada en esa felicidad, en ese mar de cosas buenas.
Y de repente, dar vuelta la cara y ver que del otro lado, el mundo esta medio mareado, y nos contagia, esa sensación, mareo, confusión y necesidad de apoyar el cuerpo donde sea.
Es tan fácil cambiar el aire, el aura y la energía que afecta, y afecta mucho.
Solo un respiro, un simple respiro necesita mi cabeza, un descanso y un sueño, una música que la acune sin necesidad de despertar con un sobre salto todas las mañanas.
Solo un rayo de sol que me caliente las manos, y me transmita seguridad.
Necesito aire, necesito sol.
Necesito disfrutar sin ver a mi alrededor. Que raro querer separarse del contexto, que cosa rara, no me siento yo diciéndolo, pero, mis manos no mienten, mis palabras no callan...
Necesito por un día sentir que vivo en la nada, que nada me preocupa, nada me acompleja, nadie me olvida, ni me demuestre mis errores.
Necesito aire, necesito sol.

viernes, 13 de julio de 2012

Nada se termina.

Pensar que todo tiene un fin, a veces me resulta ridículo, innecesario. ¿Cuál es la necesidad de hacerse de ideas y atarse a ilusiones de que todo lo que mañana no está solamente queda en el pasado? 
No voy a discutir que las cosas pueden ser olvidadas. Claro, olvidadas, olvido es dejar de retener algo en nuestra cabeza, y ¿Ese elemento fundamental que se llama corazón, olvida?
Pensar que todo tiene un fin, me resulta en vano, me parece incoherente, ¿Si la vida terrenal no termina porque ha de terminar todo lo que la completa? La vida continúa en cada uno de los latidos de las personas que dejamos en este mundo al irnos, y así sucesivamente, porque al nombrarnos ese latido va a convertirse nuevamente en parte de nosotros, una parte nueva, una parte que nunca se va, se transforma y se complementa.
Si, me quedó claro que la vida no termina, pero no te  vayas por las ramas. 
Pensar que todo tiene un fin, me resulta... me resulta... raro.
Que las cosas pueden ser olvidadas de un segundo al otro y que con un simple parpadear los rosas tornan verdes y los azules en morados.
El fin está donde nosotros creemos que está solamente por un tiempo... llega el momento en el que vuelve a despertarse, y así parece como que nunca existió un olvido, solamente se durmió y cayó en un profundo y dulce sueño, esperando para despertarse en el momento en el que el corazón con un fuerte latido y un inesperado suspiro interrumpiera en su lecho. Suena complicado y es tan simple. Tanto así que aburre que siempre suceda lo mismo, que ocurran las mimas escenas una y otra vez, sin que podamos evitar los borrones y cuenta nueva que venimos realizando desde el comienzo.
Pensar que todo tiene un fin, es ponerle fin a mi camino, a todo lo que atravesé con ganas, esfuerzo y orgullo... como dijo una vez una loca, es ser egoístas con nosotros mismos, no darnos el mérito merecido. Aburre.
Pensar que todo tiene un fin, me parece incoherente... ¿Porqué debo darle un final a los momentos lindos, a los sentimientos cambiantes y a las historias diferentes? ¿Por ser tristes, divertidas, locas, desenfrenadas, pasionales o imaginadas?
Si sonreí ayer, quiero sonreír por lo mismo hoy; si lloré ayer quiero recordarlo, y hoy mirarlo con otros ojos; si canté, hoy repetir cada estrofa; si soñé, hoy quiero revivirlo.
Pensar que todo tiene un fin, aunque sea por un instante, desconcierta.
Pensar que nada se termina, te revoluciona.


lunes, 9 de julio de 2012

Me levanté diferente.

Hoy me levanté con ganas de decir hola.
Hola a las ganas de que el sol brille un nuevo día, al hoy, al mañana. Desperté con intensiones de saludar al que me hace la vida mas ligera, el que por la ventana se acerca sigiloso y me acompaña hasta quitarme la concentración.
Decidiendo saludar a lo que venga, y recibirlo con una sonrisa en la cara, con esperanzas y mis mejores melodías.
Decidí despertar y sentirme yo una vez más, sin estar arrepentida de lo que tenga que dejar atrás, sin culpas por olvidarme de alguien o remordimientos que me alejen de lo más alto.
Sin excusas digo hola a quien salude, sea bueno o malo, sea incompetente o coherente, sea alguien o algo, hoy aprendo a aceptar que no es todo como lo planeamos.
Hoy me levanté con ganas de no volver a dormir.
De olvidarme de tener ganas de soñar con los ojos cerrados, para enfocarme en hacerlo con los ojos abiertos. Me desperté queriendo vivir de una vez por todas cada uno de mis deseos y no simplemente dejarlos volar por cada uno de mis pensamientos.
Elegí levantarme y sacarme la mochila de la fiaca, del dejar para mañana, de pensar en el futuro.
Hoy me levanté con ganas de olvidar las mentiras.
Decidí comprender las verdades sin buscar lo que detrás de ellas había. Ver las realidades con los ojos de un alquimista y ver belleza hasta en lo que más oculta. Y al mismo tiempo tomé la iniciativa de ser realista. A fin de cuentas decidí creer en los posibles, en que todo es factible.
Hoy me levanté con esas ganas locas de cantar.
Decidí estar descalza en vez de en zapatillas, conectarme con el suelo y bailar sobre los azulejos. Quise hacer la mañana mas amena. Repetí el tema, cante varios versos, mantuve el ritmo, olvidé la letra y sentí la melodía. Decidí tomar la rutina y convertirla en mi musa.
Hoy me levanté con ganas de ver diferente, como todos los días, pero con los ojos abiertos, con las pupilas atentas, percibiendo lo que a sin mirar no se ve.
Hoy me levanté con ganas.