domingo, 9 de diciembre de 2012

Domingo.


Ando simple y coherente, sin nudos en la garganta, con la mirada estática.
Apagada y con ganas de dormir. 

Ando corta de letras y con las palabras directas.
Ando de Domingo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Para los cobardes.

Alguien una vez me dijo que ser valientes era un juego para pocos.
Ponerse la armadura y chocarse con el mundo, o tomar una actitud frontal, no es para cualquiera. ¿No es para cualquiera?
Si tanto cuestionamos a los libros, a los historiadores... porque no creer que el guerrero era alguien sin preparación, que simplemente de un segundo a otro decidió cambiar el rumbo de su vida?
No se nace con la aptitud de ser valiente o no, se busca, se persigue y se obtiene.
Y después de tanto pensar, nos damos cuenta que estamos frente al enemigo número uno, el pensamiento.
El valiente no piensa, se arriesga, por un instinto deja que todo lo demás pase a otro plano y se las juega. Clarísimo es el error de los que nos quedamos sentados como boludos, mirando como el de al lado choca las copas sin miedo a romperlas, y nosotros sacando los cálculos de que podría o no pasar, cuantas podríamos romper y a quién podríamos o no lastimar. A fin de cuentas, no lo hacemos, ocupamos el tiempo analizando en vez de probar.
Que fácil sería si por un instante no tuviéramos forma de conocer las opciones, o creernos capaces de reconocerlas. Que insistencia con el mañana, con el "que será", "qué pasará".
Para asustarnos somos muchos, tener ganas la mayoría, y para valientes estamos todos. Solo hace falta dejar de buscar la armadura y saber que no hay mejor arma que el aquí y el ahora.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sin perder el tiempo.

Estamos sentados en una vereda, en la misma de siempre. Vemos el reloj y son las 19:00. No nos dimos cuenta y pasamos un minuto simplemente viendo ese elemento que "materializa" nuestro tiempo, 19:01.
Miramos hacia arriba para ver donde está el sol. Y creemos que algún día vamos a poder saber la hora al contemplar el cielo, confiamos en que vamos a poder y por eso nos concentramos en analizar exactamente y con todo el detalle. Nos encandilamos.
Seguimos sentados sin hacer mas que observar diferentes cosas. Y algunos opinan diciendo que es poco, otros que nos es nada, y nosotros que estamos exhaustos. Pero nos gusta. ¿Nos gusta?
Y en ese momento hacemos una lista de planteos tan necesarios como raros para saber si estamos haciéndolo bien, se algo se nos está pasando por alto, estamos cómodos o somos felices. Necesitamos asegurarnos de que aunque no sepamos si es lo correcto, estamos viendo para el mejor lado, entendiendo todo como se debe.
Y nunca vamos a aceptar que eso es relativo. Que no va a haber un esta bien o esta mal hasta que nosotros no elijamos los parámetros.
Seguimos sentados y vemos como esa locura del tiempo se nos va de a poco. Y aparece otra pregunta: ¿Se nos va?
Ya nos paramos en la esquina de lo filosófico y sentimos que hacernos estas preguntas es de locos. Pero como dijimos alguna vez, estar loco esta bueno, así que en parte no preocupa, por ende, seguimos en al nuestra buscando al sol. Pero lo tapa el edificio de frente y nos desorientamos, de tal forma que comenzamos a mirar para el otro lado y nos mareamos.
Ya no sabemos con que comenzamos, con que seguimos y nos olvidamos como nos gustaría terminar.  
Nos paramos. 19:02.
Vemos que el tiempo puede estar vacío o  puede estar completamente lleno, pero nunca se nos va, somos conscientes de que puede pasar lento o rápido, o simplemente pasar.


domingo, 28 de octubre de 2012

Redondearse

Y cuando es tiempo de dar vuelta las cosas, es momento y punto.
Esa maldita costumbre de hacer de todo un mundo y ahogarse en un vaso de agua, creyendo que para comprender las cosas con otras perspectivas es necesario toda una vida. Tremenda ilusión, lo único que se debe hacer es cruzar la calle, pararse en la vereda de enfrente y observar con los cinco sentidos, y si se tienen seis, mejor.
Es tan fácil creer que uno no puede, que es imposible, que la mayor parte del tiempo uno tiende a hacerlo... Sin recordar aquello por lo que nacimos, romper barreras. ¿Soy la única loca que cree que si las cosas no fueran difíciles no serían divertidas?
No podemos pretender que todo sea cuadrado, o tenga los límites tan tajantes, no siempre tiene que ser de un modo u otro. Es cuestión de cantar un rato a los gritos, pararse descalzo en el pasto mojado y mirar las nubes tratando de encontrar un dinosaurio, para olvidarse de las técnicas aburridas. No todo es ciencia, no todo es matemática... podrá serlo para quien lo estudie, pero no para quien lo viva.
Es necesario ablandarse y dejar que la brisa, una vez en la vida, nos lleve. Redondearse para dejar de ser tan cuadrados y decir alguna que otra incongruencia para mostrar que todavía no somos serios.



lunes, 1 de octubre de 2012

Robar la pluma de algún poeta.

La noche se puso clara cuando el día se oscureció.
Sentimos las miradas expectantes en la nuca, esperando por aquel momento de debilidad que marcaría nuestros orgullos para toda la vida.
Y al caer las estrellas al horizonte, sin dejarme ver su recorrido, el reloj marcó el inicio de la historia que algún día iban a desear recordar.
Suena sin sentido, suena incongruente, como un corazón que habla sin dejar que la mente se interponga en su camino. Dejando que la razón que prisionera se sentía, corra libre por la vida, sienta, ríe y baile.
Ilusa la mañana de aquel palpitar dormido al escuchar un ruido que lo hizo suspirar, detenerse por un instante y olvidar aquel ritmo agotador y rutinario, que no dejaba que siga sus instintos.
Suena meloso, intenso e insulso, como los sueños a los que hoy decidí volverme a aferrar. Con los ojos abiertos, con las manos cerradas para que no se escapen, con el alma puesta y la mochila lista.
Suena cursi, normal y recurrente, escribir con palabras tan conocidas, robando la pluma de algún poeta que algún atardecer olvido en el parque.
Pero como alimentan las sonrisas, esas frases coloridas que con algún pequeño abrazo, y en algunos tantos días llenaron los cajones de recuerdos, de ganas y esperanzas.
Me divierte hasta las chapas escribir estas cosas de vez cuando, dejar que los dedos se amen con el teclado y decidan expresar lo que más anhelan.
Que sinceridad la de los párrafos que acompañan al texto, compañeros, amigos, confidentes. Ocultando los errores ajenos.
Que dulce la cursilería, cuando quién la escribe solo espera vivirla.



domingo, 30 de septiembre de 2012

Dejar de buscar.

Y de repente me doy cuenta que todo el mundo alguna vez escribió sobre lo que busca, lo que no pretendían buscar y lo que encontraron.
Ese afán por buscar y querer obtener lo que uno cree que es mejor para si mismo, siempre me costó entenderlo.
Esa necesidad de querer acaparar el destino con lo que se piensa que es lo correcto, me cansó.
Buscar no es sinónimo de luchar, aunque se le parezca, uno busca porque no cree en si mismo, no confía en que lo bueno llega cuando debe llegar o en que algún día le llegará.
No digo que buscar sea sencillo, sino que me remite a una tarea forzosa, a empujar donde tal vez no es el momento, donde no tendría que ser. No porque el destino lo marque o no, sino porque uno deja pasar muchas cosas, las obvia y no las percibe. Cuando uno se enfoca "mal" en algo, se bloquea y no se da cuenta de todo lo que sucede al rededor, se olvida de que el día a día tiene 360°.
"Apagar los sentidos" es buscar. Porque lo hago por una idea, por un concepto que no me lleva más allá de lo que signifique. Lo interesante es poder tocar, sentir, oír, creer, utilizar todas nuestras herramientas para avanzar de a poco.
Si uno busca, difícil es sorprenderse, porque sabés lo que vas a encontrar, mejor dicho, lo que crees que vas a encontrar.
Ese afán por conseguir el camino fácil: Se lo que quiero y voy por eso... corrección, creo saber lo que quiero y me aferro a eso.  Cambia, cambia el hecho de creer que buscar es la tarea fácil. Y prefiero pensarlo así.
Cuantas veces, ciegos ante lo que creemos que es lo ideal dejamos pasar miles de cosas, detalles, oportunidades. Me resulta injusto creer que fue por determinación, enfoque o perseverancia. Fue por obsesión, terquedad o bloqueo, fuerte o leve, pero eso fue. Y ahí es cuando esa "búsqueda" se convierte en barrera, en un paso atrás y me lleva adonde estaba antes.
Y al no encontrar lo que uno pretendía,  la decepción nos envuelve, la inseguridad y la desconfianza hacia nuestras capacidades y ganas.
Lo leo y lo releo, y es como pegarse varias veces con la misma pared.
Buscar no es sinónimo de luchar. Luchar es defender y caminar, saltando y sobreviviendo a todas las barreras, demostrando que si hoy estuve acá, aunque este bien, mañana puedo estar en otro lugar y mejor.
Luchar es confiar en uno mismo.



Un pequeño aliento.

Una de las tantas veces que caí, decidí quedarme por un instante abajo, y ver todo lo que me superaba.
Ver las personas, las razones y las emociones que habían sido cómplices de mi tropiezo, vi muchas manos tratando de ayudar y sonrisas que con el esfuerzo de siempre me transmitieron paz.
Decidí quedarme un segundo más para poder comprender cual era la necesidad de salir corriendo de allí, para tratar de entender porque todos lo hacían con la cabeza gacha y la mirada apagada. 
Me sorprendió como al ver las cosas desde aquella perspectiva no sentí vergüenza del error, no me molesté en tapar las cicatrices ni las marcas. 
Recordé todo lo que reiteradas veces escuché, dije y leí. "Es hora de tomar el envión y saltar para poder pararme de nuevo" me dije a mi misma, pero no lo hice, me quede abajo por un instante más. Toque el suelo  con las manos, nunca había llegado a apreciar con todos mis sentidos aquello que tantas veces me sostuvo. 
Y ví ojos de muchos y escuche las voces de varios, y en vez de agarrar sus manos, me impulse de lo que estaba más abajo, de aquello que me había hecho caer. Tomé mis miedos, los corrí del camino. Busqué mi mejor sonrisa y por cuenta propia mi cuerpo junto fuerzas. En menos de lo que pensé, estaba arriba, junto a todas las voces y las manos que había sentido como gigantes. 
Me repetí "como cambia todo al verlo desde otra perspectiva". 
Tan fuerte es el poder de una opinión, de otra decisión, de otro punto de vista que pude ver la otra cara de mi propio error. 
Si lo importante del caer, es que uno se puede levantar, hay que llevarlo con orgullo, con gracia y fuerza. Que quede claro que sin importar la razón, después de cualquier tropiezo, solo te vas a levantar.